El inútil acuerdo entre Bruselas y Túnez que deja familias abandonadas en el desierto

La Comisión Europea, asumiendo competencias que no tiene (pero ese es asunto de otro día) negoció y firmó con el régimen autoritario del tunecino Kais Saied un pacto migratorio por el que Túnez cerraba la puerta a la salida de barcazas con migrantes y solicitantes de asilo y la Unión Europea ponía 1.000 millones de euros sobre la mesa.

Oficialmente era para proyectos relacionados con asistencia a migrantes. Con la presidenta de la Comisión Europea Úrsula Von der Leyen acudieron a aquella negociación en Túnez los jefes de gobierno de Italia (Giorgia Meloni) y Países Bajos (Mark Rutte). Meloni porque es a Italia a donde llega la inmensa mayoría de las barcazas de migrantes que salen de Túnez. Rutte porque quería una foto en la que apareciera tapando rutas de migración.

El pacto fue criticado desde el primer momento por la mayor parte de los eurodiputados y por organizaciones de defensa de los derechos humanos. Se denunció que la Comisión no había sido mandatada para firmar semejante acuerdo, que Túnez no era un país seguro (según las convenciones internacionales) para devolver a migrantes y solicitantes de asilo y, lo más grave, que el régimen tunecino se dedicaba a dejar en su frontera sur, en el Sáhara, sin agua ni comida, a familias enteras.

El riesgo de verse perdidos y morir era enorme. Y pronto empezaron a aparecer cadáveres. Las críticas llovían a la Comisión Europea pero esta seguía defendiendo la idoneidad del acuerdo porque, sin entrar en el fondo de las críticas, decía que impedía que los migrantes pusieran sus vidas en peligro en el mar.

Migrantes africanos en la frontera entre Túnez y Libia, en el norte de Africa. Foto: AFP

Von der Leyen defendía el acuerdo hasta este mismo miércoles, cuando en su discurso sobre el estado de la Unión Europea dijo que era un buen pacto y que servía como modelo para futuros pactos migratorios con países de origen o de tránsito de migrantes, como es el caso de Túnez.

Porque la prioridad absoluta de los gobiernos europeos y de las instituciones de la Unión Europea es cerrar las vías más visibles de inmigración al bloque. Las críticas a Von der Leyen llegan desde su propio gobierno, el alemán, que asegura que este ignora cualquier garantía sobre derechos humanos y financia a un régimen autoritario. Alemania no es destino de la inmigración que pasa por Túnez.

Peleas

El último escándalo llegó cuando este jueves se supo que Túnez prohibió la entrada al país de una delegación de cinco eurodiputados.

Inmigrantes africanos en el Mar Mediterráneo, intentando llegar a Europa. Foto: AFP Inmigrantes africanos en el Mar Mediterráneo, intentando llegar a Europa. Foto: AFP

El régimen tunecino no explicó el porqué de su negativa a permitir la visita pero fuentes comunitarias contaron que Túnez se había sentido molesto por las declaraciones emitidas por varios eurodiputados en julio sobre la deriva autoritaria del país.

Los eurodiputados que no pudieron entrar en Túnez exigieron a la Comisión Europea que rompa el acuerdo y “deje de financiar a un régimen autoritario que no respeta los derechos humanos y que rechaza el diálogo político entre instituciones”. El centro derecha también criticó a la Comisión.

El líder de la delegación de europarlamentarios que debía viajar a Túnez, el alemán Michael Gahler, puso el dedo en la llaga al señalar que el acuerdo ni siquiera sirve para su objetivo oficial porque las llegadas de migrantes a Italia en realidad aumentaron desde que se firmó.

El acuerdo se firmó a mediados de julio. Si se tienen en cuenta los meses con más llegadas de migrantes, entre mayo y septiembre (porque el mar está en mejor estado) y se miran las cifras del Ministerio del Interior italiano, resulta que en los dos meses anteriores al acuerdo llegaron desde Túnez 19.354 migrantes de forma irregular. En los dos meses posteriores al acuerdo lo hicieron 30.852.