Europa roza la Ryder Cup pero Cantlay alienta la esperanza americana

Scottie Scheffler es el número uno del ranking mundial. Esta temporada ha disputado 23 torneos y ha superado el corte en todos, ganando dos de ellos y siendo top ten en otros 17. Su estado de forma ha provocado comparaciones con el mejor Tiger Woods. Scottie Scheffler sufrió este sábado en sus carnes la mayor paliza en la historia de la Ryder Cup. Así es el deporte. Pero, sobre todo, así es la Ryder, una competición sin igual que sigue ampliando su leyenda.

Scheffler abandonó el campo entre lágrimas, con su mujer al lado intentando consolarle sin mucho éxito. Ninguna imagen explica mejor lo que está sucediendo en el Marco Simone de Roma, donde una Europa separada por el Brexit pero unida por el golf tiene muy cerca firmar un nuevo triunfo en casa en la Ryder Cup. Pero bien harán los pupilos de Luke Donald en no confiarse porque la bestia americana abrió medio ojo cuando estaba a punto de entrar en el matadero y Patrick Cantlay le devolvió la esperanza.

Que nadie se engañe. La situación sigue bajo control para los locales. Europa afrontará la última jornada, con los 12 puntos individuales en juego, con la segunda mayor ventaja de toda su historia: 5 puntos. Además, la remontada más grande jamás narrada fue la de Medinha en 2012 (4 puntos) así que la Ryder Cup parece tener pie y medio de regreso en el Viejo Continente.

Para ganar, los de Luke Donald necesitan 4 puntos en los 12 individuales y Estados Unidos, firmar una remontada inédita

Comenzó de nuevo especialmente bien el día, con una enorme pancarta de Severiano Ballesteros en las abarrotadas gradas del tee del 1. “Siempre en nuestros corazones”, rezaba en italiano. El cántabro sigue inspirando los éxitos de su amada Europa y en Roma está a punto de volver a conseguirlo. En el verde, su hijo Javier y su inseparable Chema Olazábal se emocionaban, bien arropados por Luke Donald, destapado como un genio de la motivación. Un impulso que se trasladó al campo.

Europa amplió su ventaja en una jornada matinal para el recuerdo. Especialmente, para la pareja nórdica, Hovland y Aberg, que le dio la mano a sus rivales en el green del 11. Scheffler lloraba desconsolado. El impasible Koepka se lo tomaba con más filosofía, pero no evitará que su nombre aparezca en los libros negros de historia. También ganaba Jon Rahm, por supuesto, el gran estandarte europeo, tras un partido eterno ante los rocosos Cantlay y Schauffele. Lo hizo en el 17, rozando el hole in one con un tiro maravilloso. Pero tan largo fue su partido (la pareja estadounidense es peor que el caballo del malo) que finalizó casi cuando empezaron a salir los partidos de tarde, por lo que Donald optó por dar descanso vespertino al vasco.

Tras una primera jornada a cero de victorias, Estados Unidos sumó su primer punto entero gracias a Max Homa, el único que parecía rescatar el orgullo en las filas de Zach Johnson. El californiano repitió victoria por la tarde, también con Harman de pareja, pero la cosa no pintaba nada bien para Estados Unidos, que iba camino de sufrir una desventaja histórica después de que el veterano Justin Rose destrozara con el putt a Spieth y Thomas, los chicos de Johnson.


El pique final

Andrew Redington / Getty

Pero en la recta final del día, con el sol teñido de naranja en el horizonte romano, emergió Patrick Cantlay, una figura sin gorra pero a la que no hubo quien deslumbrara. Con un inspirado Rory McIlroy enfrente, el de Long Beach fue capaz de acabar con tres birdies para voltear su partido y dejar la herida en cinco puntos. Lo hizo con un tiro bajo presión en el 17 memorable y embocando un putt de 14 metros en el 18 para ganar, provocando la euforia de todo el equipo estadounidense y, a su vez, incluso algún pique con Shane Lowry y Rory McIlroy. La bestia amagaba con despertar y Europa lo notó.


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