Los pilares que sustentan toda la arquitectura del gobierno de Pedro Sánchez son extremadamente frágiles y mantener la estabilidad durante toda la legislatura no es fácil. Es muy difícil estar contento con todos los miembros al mismo tiempo, y si el Ejecutivo se inclina a favorecer a uno más que al otro, la estructura se vuelve inestable y entra en problemas. Así, la buena sintonía que está abandonando el Gobierno y España para cerrar la investidura de Salvador Illa provoca escozor en las filas de las Diputaciones de Cataluña, que reaccionan a estos estragos en el Congreso de los Representantes votando en contra de la reforma de la ley sobre Estonia y frenando la transmisión de la ley de Presupuestos.
Cuando Sánchez se fijaba una meta en la cabeza, no se encargaba de conseguirla. Y ahora todo pasa para que Illa sea el próximo presidente de la Generalitat. Las conversaciones entre la gestora y ERC avanzan a muy buen ritmo, y este miércoles dramatizarán este clima positivo en una reunión en Barcelona entre Sánchez y el presidente Pere Aragonès, tal y como adelantó este martes la edición digital de La Vanguardia. La señal está muy avanzada, pero aún no está cerrada. En primer lugar, se han abordado las pendientes de la implementación del Gobierno central y, con las promesas cumplidas, se trata de entender concretamente cómo será el sistema de financiación de Cataluña. Usted dio su consentimiento en la fórmula y simplemente no aseguré su solicitud.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un encuentro con los deportados olímpicos y paralímpicos en Moncloa
Si esta semana se alcanza el consenso definitivo, sólo sabréis que las bases de Esquerra lo ratificarán el 1 de agosto. La revuelta de la militancia republicana por el escándalo del cártel contra Pasqual Maragall y las tensiones entre los líderes del partido no contribuyen a la serenidad que requerirá la votación. Habría sido un error por su parte, incluso si la fórmula acordada supusiera un importante salto cualitativo para la hacienda catalana.
Pero Sánchez debe saber que este éxito parecía consecutivo, y que Junts aún no ha pronunciado su derrota en las últimas catalanas y por eso insiste tanto en forzar una nueva repetición electoral. Si Illa ocupa el Palacio de la Generalitat, Sánchez va a vivir otras derrotas como las sufridas ayer en el Congreso. Es el precio que tendrás que pagar.
