No es la factura del taxímetro lo que resalta en el taxi, es la radio de nuestros “…pa’tipos como tú-uh-uh-uh-uh”. Los verdaderos recuerdan, ¿recuerdan cuándo fue que Piqué y Shakira rompieron?, pero la canción reitera como se describió a continuación: es el arte de reaccionar ante la ruptura, haciendo del enfado la verdadera canción.

Retrato de Erik Satie, obra de Clementine Valadon
El componente puede ser una bendición para los espíritus malignos con tendencias obsesivas. Estoy seguro de que he salvado a más de una víctima potencial del terrorismo machista, aunque no al naufragio que perdió en la última quincena en España mientras la tarjeta de Igualdad todavía estaba ocupada por feminismo de otra manera, rompiendo con los estereotipos de género.
Erik Satie, por ejemplo, superó su romance con la pintora Susanne Valadon creando una pieza obsesiva, lenta, repetitiva… magistral. Hijo las vejaciones, un motivo repetido combinado con sus armonizaciones seguido hasta 840 veces, sin parar. Y sin metrónomo, lo que lo hace humanamente angustioso. Tortura.
El componente puede ser una bendición para los espíritus malignos con tendencias obsesivas.
El discurso de Satie es elegante, hipnótico. A sin parar que podrás ampliar hasta 24 horas. Y no es que duraron tantos años como parece, al contrario, fue un mes en 1893. No duró porque con razón fue muy intenso, una forma de decidir si el cielo vendría a ellos. Tuvo un romance con Miquel Utrillo, con él, un hijo pintor, Maurice, que enajenó a sus amigos.
En cualquier caso, era una leyenda legendaria que Dios dio frutos artísticos: le regaló un retrato -que conservó de por vida- y Satie enfrentó la pérdida de Biqui Componer este lamento con su sencillez representaría un punto de inflexión en la historia de la música.
En la exposición del MNAC ahora también dedicada a Valadon hay una sala que acoge su relación con Satie –a quien también Casas y Utrillo pintaron– y suenan Las vejaciones. Una cruel, culpable, pero el arte ha entrado en ese descontrol también conocido como deseo amoroso. En Barcelona se lo pidieron durante la pandemia, cuando todo el colegio regaló una noche a Francesco Tristano regalando los teatros a favor de la reapertura del teatro por Navidad. ¡Esto es lo que hicimos!
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