División entre las futbolistas por la huelga que paraliza el inicio de la Liga F

El fútbol femenino español debería estar viviendo días de gloria, pero el panorama es cada vez más tormentoso: si el beso de Rubiales ha destrozado la celebración del Mundial (con un equipo aún dividido por la crisis de las 15 amotinadas), las dificultades de la nueva liga femenina profesional (Liga F) para consolidarse producen una cierta perplejidad general. A pesar de presentar a varias de las mejores futbolistas del planeta y encontrarse con la onda expansiva del Mundial, los problemas son constantes.

La temporada pasada, la de su bautizo, fueron las árbitras las que montaron una huelga en reclamación de mayores retribuciones. Este año han sido directamente las futbolistas las que han convocado un parón las dos primeras jornadas. Están representadas por cinco sindicatos que exigen un salario mínimo mayor: reclaman 23.000 euros anuales, bajando de los 25.000 iniciales, y la patronal dice no poder pagar más de 20.000 (subiendo de los 16.000 actuales).

El dinero ha sido el único motivo de la huelga. Los sindicatos aseguran que «es una huelga por derechos, no para boicotear la competición». La Liga F lamenta, por su parte, la «falta de voluntad» de los sindicatos; les acusa de «irresponsabilidad y falta de talante» y advierte de que «no aceptará propuestas que supongan el colapso económico de la competición».

La postura de las jugadores no es unánime. Hay una división en casi todos los vestuarios sobre si aceptar o no los 20.000 euros anuales (la mayoría ya gana más de esa cantidad). Además de numerosas futbolistas que han mostrado en redes su voluntad de jugar este domingo, hay cinco equipos (de 16) que no quieren ir a la huelga, según ha podido saber ABC. Sin embargo, se da por seguro que todas renunciarán a jugar aludiendo a la «solidaridad». Hay presiones muy fuertes de algunos sindicatos para mantener la unidad.

«Con tener 8 o 9 jugadoras del primer equipo que no vayan a la huelga, nosotros jugaremos», afirmó este miércoles a la televisión canaria Sergio Batista, presidente del Tenerife: «Lo digo claro para que lo sepa toda España». El partido está previsto para este viernes; el equipo tinerfeño viajó el jueves, como si no hubiese huelga. El Sporting de Huelva también confirmó a este periódico que la plantilla quiere jugar y que se desplazaría este viernes a Barcelona. Muy probablemente, para nada.

En segundo plano emerge la sombra del Gobierno. El Consejo Superior de Deportes, al que ha criticado duramente la Liga F por permitir que la Federación quiera «destruirles», tiene una oportunidad para intervenir y refrendar su apoyo al fútbol femenino en plena resaca del escándalo de Rubiales, cuya federación ingresa la mitad de todo el presupuesto de la Liga F por diversas vías. (El año pasado, por ejemplo, multiplicó por cinco el coste del arbitraje).

Fuentes solventes indican que la postura más inflexible es la del sindicato FUTPRO, que no es mayoritario (lo es AFE) pero representa a las capitanas de los equipos y a muchas jugadoras de la Selección. No pocos clubes ven con recelo la postura de este sindicato, fuertemente subvencionado por la Federación y muy próximo a ella.

Los clubes, como es lógico, confían en que no haya nuevos parones en un torneo que rema para elevar su cuota de seguimiento mientras recibe las comisiones garantizadas por el CSD para apuntalar la profesionalización. Algunos patrocinadores ya se han alejado, desaprovechando el efecto mundialista. En lontananza, las dudas sobre la viabilidad del proyecto y de algunos clubes modestos, sin el apoyo de una sección masculina, cuyos dirigentes algún día se van a cansar de pelear. Uno de ellos pregunta: «¿No le parece curioso que el Levante juegue este sábado la Champions y ahí, curiosamente, no hagan huelga los sindicatos?»