Djokovic entroniza a Alcaraz tras ganarle en una intensa final en Cincinnati

Dos tie breaks, cinco bolas de partido y casi cuatro horas necesitó ayer Novak Djokovic para superar en la final del Masters 1.000 de Cincinnati (5-7, 7-67 y 7-64) a un Carlos Alcaraz que se alza como el heredero al trono del Big Three, como puso de manifiesto el propio serbio en sus primeras palabras en pista tras su victoria. De hecho, el murciano seguirá siendo número 1 del mundo una semana más pese a su derrota y firma un revelador 2-2 en sus cara a cara con el tenista que ha dominado el circuito en los últimos años.

«Es difícil de describir. Ha sido uno de los partidos más complicados de mi vida, da igual el nivel, el torneo o el jugador. Ha sido increíble del principio al final. Estos son los partidos y los momentos por los que sigo trabajando cada día. Cualquiera que vea a Carlos ve que esta rivalidad va mejorando. Es un jugador increíble, lo respeto muchísimo. Es impresionante que alguien tan joven juegue así en momentos importantes», declaró Djokovic.

No fue el mejor partido de Alcaraz, todo hay que decirlo, ya que no llegó a encontrarse cómodo en la pista en muchos momentos del partido y que sólo mostró su mejor nivel cuando no le quedó otra que remontar. Y eso que las cosas no empezaron mal para sus intereses, ya que tras un primer intercambio de roturas, Alcaraz consiguió la buena, la del 6-5, para hacerse con el primer set en su servicio mientras Juan Carlos Ferrero le insistía desde su box que lo estaba haciendo “muy bien”.


Lee también

Redacción

Que Djokovic no veía claro lo que estaba pasando se vio cuando se marchó al baño tras finalizar la manga y, sobre todo, cuando Alcaraz le rompió el servicio a las primeras de cambio en el segundo set. El serbio requirió atención médica, al parecer por el calor, pero siguió en pista. “Es el momento”, decía Ferrero. Pero no lo era, ya que Djokovic se aferró al partido para devolver el break a su rival e igualar en el 4-4 y llevar el parcial a un disputado tie break que acabó adjudicándose.

El último set empezó a jugarse de poder a poder, hasta que Djokovic volvió a conseguir la rotura para el 3-4 en la sexta bola de break que tuvo en ese juego. Así que a Carlitos no le quedó otra que recurrir a la épica. Y de qué manera: levantando ni más ni menos que cuatro bolas de partido para hacer su contrabreak cuando Djokovic ya acariciaba el título. “Ya sé que cuesta, pero sube”, fue la doctrina de Ferrero, que Alcaraz siguió al dedillo.

El partido se decidió en una nueva muerte súbita en la que el serbio tiró de oficio y al número 1 le perdieron de nuevo los nervios. El futuro –y hasta el presente– es suyo.