Los niños con jornada continua madrugan mucho, descansan poco y comen fuera de hora

Una nueva investigación sobre los horarios escolares de los alumnos españoles vuelve a poner en cuestión las ventajas de la jornada continua que es habitual en los institutos españoles por su impacto en la salud. La jornada continua ya fue criticada por la OCDE hace dos meses aunque por razones académicas al considerar que perjudica la lucha contra el abandono escolar. 

Según el trabajo que está a punto de publicar el sociólogo de la Universidad de Valencia, Daniel Gabaldón, los niños que concentran el horario escolar solo en las mañanas madrugan mucho, descansan poco, comen mal, hacen más deberes y dedican más tiempo a las pantallas que los que tienen una jornada partida. Como ventajas, hacen más deporte y ven más a sus amigos. A juicio del sociólogo debe replantearse el debate sobre los horarios de la escuela pensando en el alumno exclusivamente y no en temas como la conciliación familiar de los padres o las condiciones laborales de los profesores.

Los adolescentes entran a las 8 h, que son, por huso horario, las 7 h en otoño y las 6 h en verano

La investigación Proyecto Time de Galbaldón, realizada junto a la investigadora Kadri Táht de la Universidad de Tallin, se basa en los datos de las dos ediciones publicadas de la Encuesta del Empleo del Tiempo del INE de 2002 y 2008 (en edades de 10 a 18 años).

En España, la mayoría de alumnos de secundaria sigue la jornada intensiva, de 8 a 15 horas, compactando todas las clases en horario de mañana y dejando las tardes libres. También algunos centros de primaria se han acogido a este horario (en Catalunya es excepcional, solo 25 escuelas lo hacen).

Los adolescentes que hacen compactada se levantan antes y se acuestan más tarde que los que van mañana y tarde al colegio

Aquellos que hacen jornada continua se levantan antes para ir al colegio pero también se acuestan más tarde que los de la jornada partida, y aunque algunos hacen siesta (un 10%), no logran recuperar todas las horas de descanso. Pierden unos 42 minutos diarios.

Gabaldón explica que en España se madruga en exceso con respecto a otros países porque mantiene el horario de Europa central, algo que no le corresponde en cuanto a situación geográfica. Eso provoca la dessincronización del reloj interno con la luz solar.

“Un niño de primaria o infantil entra a las 9 horas en el colegio, que son, en realidad, las 8 en otoño y las 7 en verano. Los adolescentes entran a las 8 horas, que son las 7 horas en otoño y las 6 en verano”.

¿Cuánto duermen? Poco, según la encuesta, y menos los que hacen jornada intensiva. De media duermen 9.12 horas en primaria y 8.23 en secundaria (en horario continuo). Aunque parece entrar en el mínimo recomendado por los pediatras (de 9 a 12 horas en primaria y de 8 a 10 en secundaria), se infiere que una parten de la población infantil duerme más y un porcentaje de niños descansan por debajo de esas cifras.

En primaria, la diferencia entre un niño que solo va de mañanas al colegio y otro que va de mañanas y tardes es de 16 minutos de descanso más a favor de los segundos y en secundaria de 19 minutos.

“Los adolescentes tienden a ser más búhos que alondras, por lo que tienden a coger sueño más tarde que cuando eran niños. En cambio, están obligados a madrugar”, sostiene el investigador. Por contra, otras investigaciones indican que todo el tiempo que se retrasa al despertarse por la mañana es, prácticamente, ganancia para el sueño y no se alarga durante la noche.

El investigador concluye que las rutinas de comidas, con el retraso al mediodía, son poco saludables, con el riesgo al sobrepeso

El sociólogo advierte que existe un riesgo de que los jóvenes establezcan, con estas rutinas, un cronotipo (sincronización de los ritmos circadianos). más vespertino en su vida de adultos.

La investigación incluye los hábitos alimentarios. Los que asisten solo de mañanas al colegio desayunan antes (el pico está a las 7.30 h frente a las 8.30 h de los otros), comen después (en torno a las 15-16 h frente a la franja de 13-14 h), meriendan más tarde y cenan a la misma hora (de 20 a 22 horas). 

Para Gabaldón, son rutinas poco saludables, especialmente la de la comida, por cuanto un retraso en la ingesta puede afectar al nivel de grasa en el cuerpo y aumenta el riesgo de sobrepeso.

El uso de pantallas, incluida la televisión, también aumenta entre los niños que están libres por la tarde, respecto a los que no. En primaria la diferencia es de 25 minutos diarios (109 minutos para la compactada y media hora en secundaria (117 minutos).

El uso de pantallas, incluida la televisión, también aumenta entre los niños que están libres por la tarde, aunque hacen más deporte

Respecto a los deberes, hay una diferencia de 20 minutos diarios, en secundaria, quizás para compensar la falta de rendimiento de los alumnos las últimas horas de la mañana, hipotetiza Gabaldón.

Finalmente, los estudiantes que tienen la tarde libre ven más a sus amigos (en primaria) y hacen entre 12 y 13 minutos más de deporte reglado al día.

A juicio del investigador, es necesario investigar más sobre los hábitos de los escolares en general y, especialmente, desde el punto de vista sanitario, para conocer el impacto sobre la salud de horarios tan intensivos, especialmente en lo que afecta a sobrepeso y obesidad.

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