
Eurovisión es una oda a la extravagancia. En cada edición, algunos superan los límites de la moda a través de los estilos impactantes de los participantes. Algunas optan por diseños con mensajes políticos y guiños -como el vestido de la firma palestina de la participante portuguesa- mientras que otras simplemente visten un atuendo que tenga impacto, para raspar puntos para engrosar su espectáculo sobre el escenario.
El negro tuvo protagonismo en las actuaciones de esta final televisiva. Han apostatado por artistas como Gunnhild Eide Sundli, de la formación noruega Gåte, Teya Dora, de Serbia, y la representante de Israel, Bambie Thugh, que apostató por un dibujo con lo que parecía emular al rudo Maléfica.
Las incrustaciones y la piedra aparecían en gente temblorosa que activaba la segunda piel, como el espectacular diseño que pulió la italiana Angelina Mango o incluso la española María Bas, que le hizo un guiño a Abba con un diseño animado por Michael Costello.
