Mundo viejo, mundo nuevo, por Sergi Pàmies

El actor Timothée Chalamet ha colgado una fotografía en Instagram en la que luce una falda que le llega hasta las rodillas. Siguiendo las corrientes del entretenimiento, la revista GQ ha engendrado un titular efervescente: “Chalamet confirma que la falda es el nuevo pantalón”. A continuación, la revista habla de maxitendencia y lookazo, dos expresiones sometidas a un interés superior: la magnificación y el énfasis como motores de cualquier historia. En realidad, entre ponerse una falda y confirmar que los nuevos pantalones son las faldas hay un trecho –no consta que Chalamet haya emitido ningún comunicado al respecto– que solo se puede entender teniendo en cuenta que el tema es frívolo, inofensivo, y que confía en nuestra proverbial indulgencia.


 

Àlex Garcia

Es un filón del entretenimiento: encontrar equivalencias que, desde un punto de vista sociológico, puedan tener cierta verosimilitud. Los que afirman que los jueves son los nuevos viernes o que los cincuenta son los nuevos cuarenta conectan con dos evidencias: que los hábitos laborales están cambiado (sobre todo para los que se pueden permitir semanas de cuatro días laborables) o que la esperanza de vida ha retrasado el envejecimiento, sobre todo si tienes la prudencia de cuidarte. La gracia de este tipo de formulaciones es que, como un giro de monologuista, transmiten una pátina de ocurrencia que, si se abusa de ella, se transforma en cliché.

La esperanza de vida ha retrasado el envejecimiento, sobre todo si te cuidas

De hecho, hay quien se ha atrevido a forzar el invento. En el 2017, cuando se estrenó la película francesa Marie-Francine , los distribuidores de aquí creyeron que sería más comercial si la titulaban Los 50 son los nuevos 30. La idea estaba justificada: la película retrata qué les sucede a los que tienen cincuenta años y, tras un divorcio, deben volver a casa de sus padres y recuperar hábitos más propios de la juventud (los treinta) que de la madurez (los cincuenta). Marie-Francine les debió de parecer un nombre más propio de marca de mermeladas o de mercería especializada en ropa interior color carne.

Que las cosas no sean lo que son desestabilizará a los que somos cabezas cuadradas, amantes de esas verdades que, siempre al límite del pleonasmo, estructuran el mundo. Ejemplos: “Fútbol es fútbol” (Vujadin Boskov) o “Une rose este une rose est une rose” (Gertrude Stein).

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