plantearon la «urgencia» de dar plena participación a las mujeres en el gobierno de la Iglesia

En la relación final de 42 páginas de la primera fase del Sínodo de los Sínodos, la asamblea de obispos que sesionó desde el 4 de este mes hasta ayer en el Vaticano dio la mayor importancia a la “urgencia” de garantizar una participación más plena de las mujeres en el gobierno, aunque excluyó toda referencia a la posibilidad de que en la segunda fase, que tendrá lugar dentro de un año, se pueda tratar el acceso femenino al sacerdocio en la Iglesia Católica.

Queda en pie uno de los tabúes más sólidos en la bimilenaria historia de la Iglesia y el Papa ya dijo varias veces que él mantendrá la prohibición, confirmada en sendos documentos de sus predecesores san Juan Pablo II y Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, de que las mujeres puedan ser sacerdotes

Excluido el sacerdocio, que reclama un número creciente de católicas en todo el mundo, ya que las mujeres son mayoría en la Iglesia con 1.300 millones de bautizadas, la Relación Final del Sínodo destacó en las deliberaciones que se habló y votó la inclusión del tema del diaconado femenino, primer paso hacia una orden sagrada.

Por primera vez en una asamblea episcopal mundial 54 mujeres pudieron votar.

La propuesta recibió el mayor número de votos en contra de todas, pero igual fue aproada por el amplio margen e 279 a 67, con los dos tercios de sufragios necesarios.

En ella los delegados piden que continúe la investigación teológica y pastoral de dos grupos de estudio nombrados por el Papa sobre la cuestión del diaconado femenino. Señalaron la conveniencia de que ambos estudios permitan a las dos comisiones pronunciarse antes de la segunde sesión del Sinodo, en octubre de 2024.

El Sínodo decidió también que es “urgente garantizar que las mujeres puedan participar en los procesos de toma de decisiones y asumir funciones de responsabilidad en la pastoral y el ministerio.

La propuesta señaló que el papa Francisco aumentó vistosamente el número en puestos de alto rango femeninos en el Vaticano y propuso que lo mismo ocurra en las iglesias locales, incluso cambiando para hacerlo el derecho canónico.

La recomendación fue aprobada por 319 votos a favor y 27 en contra.

La importancia prioritaria de la cuestión femenina en la Iglesia quedó demostrada en las tensiones que se reflejaron en mayorías amplias pero con menos consenso que en las otras votaciones.

En la relación final se afirma que “las Iglesias de todo el mundo han formulado claramente la petición de un mayor reconocimiento y valorización e la contribución de las mujeres y al crecimiento de las responsabilidades pastorales que le les confian en todos los ámbitos de la vida misión en la Iglesia”.

En ese marco los participantes se preguntan”como la Iglesia puede incluir más mujeres en roles y ministerios, de cara a la segunda parte del Sínodo dentro de un año. El documento anota que hay resistencias “de un sector de la Iglesia a la apertura”

Uno de los temas más controvertidos es la cuestión de la homosexualidad, que no está ni mencionada en la Relación Final, pese a que en el documento previo de trabajo se señaló la necesidad de acoger mejor a los católicos LGBTQ, parte de las variantes de sexualidades “diferentes”.

La Iglesia alemana, que realiza su propio camino sinodal y ha favorecido cambios enormes en la Iglesia, entre ellos la bendición de las parejas homosexuales, no parece haber tenido una participación importante en la primera fase, lo que concentrará las discusiones en los temas más dificiles en la segunda fase de octubre de 2024.

El Papa sostiene un rosario mientras preside el cierre del Sínodo de los Sínodos. (Reuter)

El papa Francisco ha dado señales de una amplia actitud de acercamiento a las cuestiones doctrinales sobre la homosexualidad.

La mayoría progresista de la asamblea sinodal esperaba que la reunión enviara algunas señales positivas al mundo gay, pero todo ha sido postergado a la segunda fase dentro de un año.

Lo mismo ocurrió con la cuestión de levantar el celibato obligatorio a los 450 mil sacerdotes de la iglesia latina, también dejada de lado en la primera fase.

Tampoco se menciona en el documento final la cuestión de permitir el sacerdocio de jefes de familia casados, de probada fe (llamados “viri probati”, que había sido planteado y aprobado por los participantes del Sinodo de la Amazonia. El Papa no incluyó este cambio revolucionario, aunque limitado a zonas del mundo con una gran falta de sacerdotes, en el documento final del Sínodo, siempre reservado a la voluntad del Papa. Francisco dejó el tema de lado.

El documento destaca que “el grito de los pobres, de los obligados a migrar, de los que sufren violencia o sufren las devastadoras consecuencias del cambio climático, han resonado entre nosotros, no sólo a través de los medios de comunicación, sino también a través de las voces de muchos, personalmente involcrados con sus familias y su gente en los trágicos acontecimientos”, como la guerra en Medio Oriente que se inició el 7, con el Sínodo ya iniciado.

“La Asamblea es consciente del grito de los nuevos pobres, producido por las guerras y el terrorismo que atormenta a muchos países en diferentes continentes y condena sus corruptos sistemas políticos y económcos que son la causa”.

La misa de cierre

En San Pedro tuvo lugar una misa de cierre de la primera fase del Sínodo, que clausuró el Papa con un mensaje. Dijo que el modelo de Iglesia que auspicia es “Sierva de los últimos”.

“Una Iglesia que acoge, que es puerta abierta a todos, que es un puerto de misericoardia. Una Iglesia que no exige votos de buena conducta, en la que Dios está en el primer lugar y con él los que prefiere: los pobres, los débiles, las víctimas de las atrocidades de la guerra, los migrantes, la gente que el mundo explota detrás de buenas palabra y promesas”.

“Es un pecado grave explotar a los más débiles, un pecado que corroe la fraternidad y devasta la sociedad”, planteó.

En la misa de clausura a la que acudieron 5 mil fieles. Francisco dijo que en el Sínodo “hemos podido descubrir la belleza de la fraternidad, nos hemos escuchado recíprocamente en la rica variedad de nuestras historias y d nuestras sensibilidades. No hemos puesto en escucha del Espíritu”.

Destacó que “hoy no vemos el fruto completo de este proceso, pero podemos mirar al horizonte que se abre delante de nosotros. El Señor nos guiará y ayudará a ser una Iglesia más sinodal y misionaria que adora a Dios y sirve a las mujeres y los hombres de nuestro tiempo, saliendo a llevar a todos la consolante guía del Evangelio. Dios está en primer puesto: nos sirve para anunciar, pero también a acoger, adorar y amar”