España habla en el campo con una goleada en Georgia

España no estaba contra las cuerdas pero las empezaba a atisbar. España no estaba en una situación límite pero el vértigo empezaba a llamar a la puerta. España tenía margen de maniobra pero mínimo. Y España vivía pendiente de comunicados y jueces pero afortunadamente no había olvidado jugar al fútbol. Luis de la Fuente cogió aire y la roja dio un paso al frente para regresar a la buena senda que le conduzca a la Eurocopa del próximo verano con una contundente goleada en Georgia cuando peor pintaban las cosas. España habló en el campo que es donde mejor se desenvuelve. Y qué dure.

Aparcado, que no saldado, el asunto Rubiales, la selección pudo por fin expresarse con el balón y guardar el bolígrafo en el cajón. Y fue todo un espectáculo. El combinado nacional viajó hasta la capital georgiana sin botas ni guantes pero con muchas dudas y regresó a España con el orgullo intacto y el varapalo escocés definitivamente borrado, con el pasaporte para la Eurocopa de nuevo en sus manos.

Morata anotó un ‘hat-trick’, Fabián brilló con luz propia y Lamine Yamal trituró la historia

No hizo inventos el seleccionador, consciente de lo que había en juego en el Boris Paichadze, tan animoso y bullicioso como es habitual. Pero lo apagó España a base de goles, producto todos ellos del buen juego y de la intachable actitud con la que los internacionales afrontaron uno de esos choques calificados como trampa.

Se vio a un equipo español muy serio desde el principio. Muy paciente con el balón y encontrando espacios con facilidad a medida que pasaban los minutos. Rodri, imperial, era el hilo conductor pero Fabián confirmó la apuesta de De la Fuente y se erigió en otro de los pilares del equipo español.

El festival comenzó con el pitido inicial, exigido ya un superado Mamardashvili por Asensio en el minuto inicial. Olmo disparaba alto y Le Normand no afinaba con la testa. Georgia intentaba mostrarse como un equipo muy vertical y rápido pero no hubo ni rastro de Kvaratskhelia, la zaga española se mostraba igual de concentrada que el resto de las líneas y las deficiencias técnicas del equipo del gran Willy Sagnol saltaban a la vista.

El grifo del marcador se abrió por fin mediado el primer tiempo. No tenía otra salida el duelo ante la insultante superioridad del equipo visitante. Y fue un golazo. Centró Asensio con esa zurda privilegiada que luce y saltó como un coloso Morata por encima de los centrales georgianos para ejecutar un cabezazo picado de aquellos de manual. Con el grifo abierto, el agua empezó a salir a borbotones. Fabián, un puñal jugando por la izquierda a pierna natural, centraba y Kverkvelia alojaba el balón en su propia red. A la jugada siguiente, el andaluz completaba una maniobra preciosa y volvía a batir a Mamardashvili, aunque el VAR le anulaba el gol por uno de esos fueras de juego insultante por milimétrico.

Pero desde hacía rato el portero del Valencia no daba abasto. El agua le llegaba de todas partes. Olmo lo intentaba de vaselina pero no acertaba. Era Georgia una visita especial para él, allá donde uno de sus cañonazos daba la vuelta al mundo en 2021. Decidió repetir también ayer, con un doble disparo que se convirtió en el tercero de la tarde. Entre Iguazú y el Niágara, la catarata se seguía abriendo paso ante la admiración de todos. Fabián robaba en el último tercio, se intercambiaba la pelota con Morata y el capitán certificaba el cuarto.

El final del primer tiempo tuvo un sabor algo amargo con las salidas del campo de Olmo y Asensio por problemas físicos, abriendo de par en par las puertas al récord de precocidad de Lamine Yamal, convertido después casi en legendario gracias a su gol, el séptimo.

Ya con el chaparrón, de agua, en su plena expresión, Georgia recortó nada más salir de vestuarios, señalado Unai Simón ante el punterazo de Chakvetadze que elevó unos minutos los decibelios del estadio. Se apagaron bien pronto. Morata rubricaba su hat-trick y Nico Williams rubricaba su gran partido sellando el set en un santiamén. Visiblemente aliviado, sonreía De la Fuente en el banquillo. Los goles de los suyos eran pura vida para él. También el último del imberbe Yamal. La tarde había sido redonda. Nadie ni nada pudo manchar el verde. Ni siquiera los atronadores ecos del feo asunto Rubiales.